sábado, 8 de diciembre de 2012

Presentación de El León Errante en León. Así fue.


Tenía que ser en León. Así lo había prometido a sus amigos, a sus compañeros del Colegio Universitario y de la Facultad, así lo prometió a su compañero de piso en sus primeros años de trabajo, tan jovencitos y tan llenos de ilusiones. Que ahora su compañero sea el alcalde de la ciudad protagonista, o que su compañera fuera concejala del mismo Ayuntamiento, que ninguno de ellos, incluido Santiago, coincida en ideología política, o que el presentador del evento, otro compañero querido, fuera el director de la Biblioteca de la Universidad, es circunstancial. Que se aprecien así es increíble. Tanto, que al escribirlo se parece demasiado a la ficción. Es como si el autor de Agradecimientos, es decir, el del Manual del Buscador de Oro, viajara a su ciudad para presentar su nueva novela, y es ese el panorama que se encuentra. No se escribió, es demasiado fantástico. Pero sí se vivió y se disfrutó. Gracias a Mariluz, otra del grupo aquél (pero no otra más, acaso el hada que hizo el conjuro para unir vidas y circunstancias), tenemos constancia.


Aquí hemos hecho cuanto hemos podido para recoger a todo el que colaboró para que la velada fuera inolvidable. El material electrónico es etéreo, como el cariño, pero sabemos de su existencia con sólo mirar a los ojos. Sabemos que hay un libro, no tiene páginas, sólo un discurrir por tinta que no mancha, una portada con la catedral, pero hay que entrar en un lugar lógico, no físico, para encontrarlo. Por tanto, hay que compensar. Compensar con miradas y con palabras de cariño, de respeto y admiración. En un mundo en que las palabras se vacían, hay que llenarlas de significados esenciales, esos que no se ven más que con el corazón. Escuchen y vean. Los agradecimientos, al final.
 
 


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