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lunes, 5 de marzo de 2012

Introducción a Agradecimientos

Sigmund Freud en 1926.


Yo diría que lo que más llama la atención en Agradecimientos es su original estructuración. En efecto, Agradecimientos es el apéndice de una novela llamada Manual del buscador de oro que no existe, o que, al menos, el lector no ha leído, con lo que este apéndice toma su lugar y se convierte en la verdadera novela. ¿De qué manera? Muy simple: el autor, como en tantos y tantos libros, agradece a una serie de personas que le hayan ayudado en su concepción, en su elaboración, en corregirle las faltas de sintaxis o de ortografía, en definitiva, en lo que sea. Y lo hace a través de poner su nombre en lo alto de la página y abrir un pie de página, que ocuparía ya no el bajo de la página sino casi toda ésta. A partir de este momento comienza la suplantación: un apéndice meramente insulso, obligatorio y sin apenas interés se convirte en una novela que cuenta tres tramas en tres épocas diferentes y lo hace con tal fuerza que el autor se convierte en el protagonista, que comienzan a coexistir personajes reales e imaginarios sin que se pueda saber quién pertenece a cada una de estas dos categorías, que se relatan hechos en los que la fina línea entre ficción y realidad queda totalmente desdibujada y sin posibilidad de comprobación.

miércoles, 18 de agosto de 2010

Sobre la impostura: dos ejemplos

Rekopis znaleziony w Saragossie (El Manuscrito Encontrado en Zaragoza, 1965)
de Wojciech Has, sobre la obra de Potocki.

Viejo recurso literario aunque poco o débilmente empleado, la impostura la encontramos ya en El Quijote cuando Miguel de Cervantes Saavedra dice transcribir una traducción del árabe para su genial obra. Este recurso será empleado de forma inconstante en los siglos venideros y lo volvemos a encontrar en La Familia de Pascual Duarte, de Camilo José Cela, como si el decir que no soy más que un mero escriba de una obra encontrada en un desván creara una distancia entre lector y escritor debido a las truculencias contadas, que sería el caso de esta última obra.

No es todo esto más que un juego literio que nos introduce en la técnica de cajas chinas, cuyo máximo exponente es Le manuscrit retrouvé à Saragosse, del conde polaco Jan Potocki, obra maestra de 1805 escrita en francés.


Enrique Vila-Matas
Pero la impostura no se impone como efecto literio de vital importancia hasta el advenimiento del siglo XX; en efecto, los surrealistas dan por hechos verídicos cosas que jamás ocurrieron. Aun así, la impostura no llegó a su mayoría de edad que con la obras del escritor catalán Enrique Vila-Matas, quien escribe obras como Impostura, Historia abreviada de la literatura portátil, Dublinesca y otras tantas en las que el lector se ve incapaz, por ejemplo, de saber si una cita determinada atribuida a tal escritor pertenece a dicho escritor o Vila-Matas, llegándose a un punto en el que, a veces, el verdadero escritor de esa cita no la reconoce como propia y se la atribuye a Vila-Matas? ¿Nos es posible saber de verdad si don Enrique, a su llegada juvenil a París, estuvo alojado en una chambre que le alquilaba nada más y nada menos que Margueritte Duras? De esta forma tantas veces que la fractura entre realidad y ficción queda más rota que nunca, donde vida y literatura se confunden tanto que no sabemos si leeemos una obra de ficción o una autobiografía.


En Agradecimientos, a través de una original estructura de pies de página y de epístolas, lo que nos cuenta el autor omnisciente -que no es otro que yo-queda en el entredicho con las cartas que llegan a la editorial de mi novela. Tanto se llega a dudar de los hechos reales e irreales, que se duda si el escritor -siempre yo mismo-ha exisido alguna vez o, en el mejor de los casos, si está vivo o está muerto.

Previamente a Agradecimientos, escribí, para mis amigos, estas dos breves y simples imposturas. Dejo al lector el regusto de adivinar si se tratan realmente de impostura y, en caso de así ser, encontrar dónde están.