![]() |
| Sigmund Freud en 1926. |
Yo diría que lo que más llama la atención en Agradecimientos es su
original estructuración. En efecto, Agradecimientos es el apéndice de
una novela llamada Manual del buscador de oro que no existe, o que,
al menos, el lector no ha leído, con lo que este apéndice toma su lugar y
se convierte en la verdadera novela. ¿De qué manera? Muy simple: el
autor, como en tantos y tantos libros, agradece a una serie de personas
que le hayan ayudado en su concepción, en su elaboración, en corregirle
las faltas de sintaxis o de ortografía, en definitiva, en lo que sea. Y
lo hace a través de poner su nombre en lo alto de la página y abrir un
pie de página, que ocuparía ya no el bajo de la página sino casi toda
ésta. A partir de este momento comienza la suplantación: un apéndice
meramente insulso, obligatorio y sin apenas interés se convirte en una
novela que cuenta tres tramas en tres épocas diferentes y lo hace con
tal fuerza que el autor se convierte en el protagonista, que comienzan a
coexistir personajes reales e imaginarios sin que se pueda saber quién
pertenece a cada una de estas dos categorías, que se relatan hechos en
los que la fina línea entre ficción y realidad queda totalmente
desdibujada y sin posibilidad de comprobación.






